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¡Qué tristeza y qué de todo! Esta noche han terminado las famosas Fallas de Segorbe, y con sus cenizas también desaparecen de nuestra ilustre ciudad una semana de diversión sana, los ecos de la canción del Chiki Chiki y tonelada y cuarto de CO2.

Admito que puede haber algún valenciano despistado que se haya sorprendido al leer que las Fallas acaban de terminar. ¿No fueron hace una semana? No en Segorbe, desde luego. Aquí celebramos nuestras Fallas una semana después para no quitar público a las de Valencia. Y encima con mucho más mérito que ellos, porque la última vez que lo comprobé Segorbe no formaba parte de la provincia de Valencia, sino de la de Castellón (y por los pelos: nuestro acento churro nos delata). ¿Magdalena? Bah, aquí las magdalenas sólo sirven para comer, y al pronunciarlo le quitamos la g, que eso solo lo dicen los señoritingos.

Las Fallas de Valencia se celebran en honor a San José, y su origen no está muy claro. Que si era una costumbre de los carpinteros (cuyo patrón es San José), que si no sé qué de rituales solares y que si la abuela fuma. Lo único cierto es que en Fallas se queman cosas y se tiran petardos, y solo en eso nos fijamos los de Segorbe. En lo importante de verdad, hombre. Aquí el único carpintero famoso que sonocemos es Gepetto, a las ofrendas a la Virgen no va ni Dios (y eso que le viene cerca) y a la fallera mayor no le ponemos balcón para decir eso de “pot escomençar (sic) la mascletà”, más que nada porque ni hay mascletà ni hablamos un carajo de valenciano. Ni falta que nos hace. Nuestras Fallas ni siquiera necesitan tradición o motivo alguno, con ponerles ganas ya tenemos suficiente, y por eso nos permitimos el lujo de hacerlas cuando nos da la gana (desde aquí sugiero los primeros días de febrero, que hace bastante más frío).

Para que los forasteros se hagan una idea de cómo son nuestras peculiares Fallas, ahí va un resumen de lo que hemos hecho este año:

1- Un buen día los vecinos de la plaza del Almudín se reúnen y deciden que ya es hora de acabar con las horas de sueño de todo el casco antiguo.

2- El artista fallero, que lleva todo el año trabajando en sus bellas creaciones, confirma que está listo para la plantà (otra sugerencia: llenar los ninots con piedras para que no se los lleve el viento como pasaba este año).

3- Se hacen discomóviles todas las noches, por si alguien no ha podido ir a Valencia y se ha perdido la música selecta que ponen. Estupendo para conciliar el sueño y trabajar a pleno rendimiento a la mañana siguiente. No solo acuden los vecinos de la plaza, sino también dos niños hambrientos y un perro:

4- Durante el día, los niños juegan a volarse los dedos y a matar de infarto a las abuelas con sus graciosísimos petardos. Lo de la cometa es para mariquitas, dicen. Divino tesoro.

5- El viernes por la noche se desata la locura con una verbena por todo lo alto, con lasers quemarretinas y -parecía imposible- mejor música que los días anteriores, sublime deleite para nuestros oídos mortales. Yo, que soy un inculto en asuntos musicales, destacaría la canción de punchimpunchin “Lo que quiero es que me chupes la…” a 7.000 decibelios y los clásicos del género verbenero “Puto” de Molotov y “Los Micrófonos” de Tata Golosa (la de legalegalización no sé si la pusieron, pero también es buena). Un extracto de estas dos:

¡Puto!
El que no brinque y que no salte.
¡Puto!
El que no grite y eche desmadre.
¡Puto!
El güey que quedó conforme.
¡Puto!
El que creyó lo del informe.
¡Puto!
El que nos quita la papa.
¡Puto!
También todo que lo tapa
¡Puto!
El que no hace lo que quiere.
¡Puto!
Puto nace, puto se muere.
Amo a matón
Matarile al maricón
¿Y qué quiere este hijo de puta?

Por cierto, no recordaba que tuviese tanta letra, aunque no importa porque el mexicano no es mi fuerte y no entiendo un carajo. Como siempre he cantado únicamente lo del puto y el maricón…

Una noche
Los micrófonos
Chupaíta
No micrófonos
El sexo, el sexo, el sexo
No micrófonos
Chiu chiu
Ah
Uh
Ah
Ah
Ah
Ah

Que tiemble Fray Luis de León: ahora la poesía mística está en manos de fulanas con el pelo oxigenado. Ah ah ah.

6- Cuatro horazas después de la verbena, un señor muy amable cuya identidad ocultaremos para salvaguardar su integridad física se dedica a tirar petardos enormes que hacen retumbar los cristales de toda la ciudad. Vamos, lo que viene a ser una despertà. Yo pensaba que estas cosas eran idea de Federico -se suele tortur despertar dulcemente con petardos a los segorbinos en otras fechas señaladas en el bendito calendario eclesiástico-, pero esta vez es solo por jod para que no haga falta usar el despertador y nos levantemos fresquísimos y llenos de ilusión para ir a pescar o a ver Pokémon en Telecinco, que lo ponen prontito. Los petardos se repiten durante toda la mañana, primero por parte del señor ese tan simpático y luego los emula una horda de siniestros niños somnolientos con ganas de hacer el mal. Bueno, qué demonios, los niños siguen tirando petardos semanas después de las Fallas, hasta que se les acaban y vuelven a jugar a pressing catch.

7- Por fin llega la noche de la cremà. Una marea humana abarrota la plaza del Almudín. Las falleras (que las hay, ojo, aunque nadie sepa que existen ni quiénes son) lloran desconsoladamente. Tensión. Fuegos artidiciales. Los bomberos se preparan para la maniobra más estúpida del año (en San Antonio no trabajan). Tensión. La Falla infantil es pasto de las llamas. Más petardazos. Los pedestales raros de uso desconocido y la base de la Falla mayor arden de lo lindo. Los ninots, que este año deben de ser una crítica social sutil y agudísima porque nadie la capta, caen uno a uno hasta que solo queda en pie la fallera central, fiel imagen de la mujer segorbina de toda la vida. O de la actual. O bueno, de lo que sea. El caso es que ella también acaba quemándose, y cuando cae a todo el mundo se le escapa un oooh mezcla de sorpresa, emoción y temor, como si no se viera venir que todo lo que se quema acaba cayendo (salvo el Windsor y el cutis de Zaplana, claro).

[Como comentario personal, debo decir que la cremà en sí me decepcionó bastante. ¿Dónde está la enorme y densa humareda taponabronquios del año pasado? ¿Por qué se ha optado este año por un humo de chicha y nabo cuyo aroma apenas durará un par de días en nuestras chaquetas? ¡A mí casi no me engrasó el pelo! Sí, está claro que el protocolo de Kioto nos lo seguimos pasando por el arco del triunfo, pero al menos podríamos haberlo hecho de forma más espectacular. Así no hay manera de salir en las noticias, seguro que los de Soneja nos han ganado . En fin, un cinco raspadito en la escala Chernobyl de toxicidad ambiental. A ver si el año que viene hay más suerte y les hacemos un buen corte de mangas a los progres esos que tanto hablan de cambio climático y demás paparruchas.]

8- Los segorbinos vuelven a sus monótonas vidas y tachan otro día del calendario. ¡Cada vez falta menos para la próxima fiesta ruidosa y absurda!

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